top of page

Tres cabezazos y dos mensajes: el planteo como un acto de comunicación.

27 sept
8 min de lectura
iMImagen creada con IA
iMImagen creada con IA

En el fútbol suele decirse que el planteo táctico puede influir en la actitud del equipo. Tiene algo de cierto, pero yo, como buena sistémica, la escucho y me suena demasiado lineal, como si alcanzara con dibujar flechas en la pizarra para que los jugadores salgan a la cancha con el ánimo que eligió el entrenador. Si fuera tan sencillo, los técnicos serían magos y los psicólogos del deporte estaríamos buscando otro trabajo.


La psicología del deporte permite una formulación más fina.

Boca-Racing del domingo, por los cuartos de final de la Copa Argentina, nos regala una excelente oportunidad para pensarla.


Me permite reformular la frase del inicio de que el planteo puede influir en la actitud según cómo los jugadores lo interpretan: qué creen que ese plan dice sobre su capacidad, cuánto entienden su lógica y hasta qué punto lo sienten propio. Una relación circular, con idas y vueltas. Acá va mi crónica psicodeportiva.


Los hechos, rápido. Racing ganaba 2 a 0, con un gol olímpico en el primer tiempo y otro apenas arrancado el complemento. Partido liquidado, hubiera dicho cualquiera. Entonces apareció Valencia y, al más puro estilo Palermo, metió tres cabezazos en poco más de veinte minutos, el último a los 95. Boca a semifinales. Las crónicas hablan de épica, de carácter y de un delantero inspirado, y todo eso estuvo. A mí me interesa lo que pasó un rato antes de los goles, cuando los dos entrenadores movieron sus piezas. Los dos tomaron decisiones razonables para el marcador que tenían. Y esas decisiones, sospecho, les dijeron a sus jugadores cosas muy distintas.


Una advertencia antes de seguir, porque la honestidad también es parte del análisis. No sé qué interpretaron los jugadores de Boca ni los de Racing, y nadie que haya mirado el partido desde afuera lo sabe. Lo que tengo es lo que se vio en la cancha y lo que dijeron los entrenadores. Con eso propongo una lectura, una opinión a la luz de la teoría. El partido es un ejemplo para pensar, no una prueba de nada.

El planteo también habla

Paul Watzlawick lo dejó escrito en el primer axioma de la comunicación humana: es imposible no comunicar. Un entrenador puede creer que solo está dando instrucciones sobre dónde pararse, cuándo presionar y por dónde atacar. Al mismo tiempo, y casi siempre sin darse cuenta, está diciendo qué piensa de su equipo y del rival. Un bloque bajo contra un equipo de nivel parecido puede sonar a prudencia. También puede sonar a “no creo que podamos jugarles de igual a igual”. Y los jugadores, que de mensajes entre líneas saben bastante, probablemente escuchen las dos versiones.


Albert Bandura le puso nombre a una parte de esto: eficacia colectiva, la creencia compartida de un grupo sobre lo que puede lograr cuando actúa en conjunto. Entre las fuentes que pueden alimentar esa percepción está lo que transmite el entrenador. Y acá propongo sumar algo: el planteo puede ser leído por los jugadores como una señal acerca de cuánto confía el entrenador en determinadas capacidades del equipo.


Pocas cosas transmiten tanto como un plan de juego, porque es un mensaje que se actúa durante noventa minutos.

¿Escuchaste hablar del enfoque regulatorio? E. Tory Higgins propuso que podemos orientarnos a conseguir algo, lo que llamó promoción, o a evitar perder algo, lo que llamó prevención. Vamos a buscarlo y no regalemos nada orientan la atención hacia aspectos diferentes de la situación. El primero pone el acento en lo que puede conseguirse; el segundo, en lo que debe protegerse. El efecto psicológico dependerá también de quién recibe ese mensaje y del momento que atraviesa el equipo.


La cuestión no es que una orientación sea mejor que la otra, sino cómo encaja con el jugador, el equipo y la situación.


Dicho de otra manera, dos equipos pueden estar parados exactamente igual en la cancha y jugar partidos distintos, uno pensando en lo que puede ganar y el otro en lo que puede perder. Cuando ‘cuidarse’ empieza a vivirse como miedo a equivocarse, el repertorio de decisiones puede achicarse justo cuando el partido exige otra cosa.


Boca: cuatro delanteros y un mensaje

Minuto 56, 0 a 2 abajo. Arruabarrena saca a Velasco y a Ascacíbar, mete a Valencia y a Villa, y Boca pasa a jugar con cuatro delanteros. Más tarde entra Palacios por Flores. Desde la táctica, nada sorprendente: el que pierde carga el área. Desde la psicología, el cambio admite otra lectura, la de una declaración en voz alta. Algo así como “creo que esto todavía se gana, y acá tienen con qué”.


Lo curioso es que en la conferencia el propio Arruabarrena describió algo muy parecido a los tres ingredientes de la fórmula.

  1. La confianza en la capacidad del grupo: “Íbamos 2-0, pero estaba convencido de que íbamos a tener opciones para depender de nosotros”.

  2. La lógica del plan, que entra en una línea de la charla del entretiempo: “tratar de no volvernos locos y buscar por los costados”. Parece poco, y es mucho. Un equipo que pierde 2 a 0 y amontona delanteros sin una idea clara suele terminar revoleando pelotazos y esperando un milagro. Esa consigna le puso dirección a la urgencia, y no parece casual que los tres goles hayan llegado de cabeza.

  3. El tercer ingrediente, la apropiación, también apareció en sus palabras: “Los que juegan son los jugadores y, si no entran convencidos, es muy difícil dar vuelta un resultado”.


Esa última frase da para mucho. La teoría de la autodeterminación distingue entre la conducta que se sostiene por obligación y la que se sostiene porque la persona la hizo suya. Un plan que se cumple solo por obediencia puede volverse más frágil cuando aparecen los tropiezos. Un plan que el jugador entiende, valida y hace propio tiene otra base motivacional para sostenerse cuando el partido se complica


Un plan que el jugador entiende, valida y hace propio tiene otra base motivacional para sostenerse cuando el partido se complica

Cuidar lo que se tiene cuando la confianza no alcanza

Del otro lado, Vojvoda hizo lo que haría casi cualquier entrenador con un 2 a 0 en un partido de eliminación directa: reforzó la contención con cambios pensados para proteger el resultado. En un pizarrón, nadie se lo discutiría. Según la crónica de La Gaceta, Racing “tuvo la posibilidad de administrar los tiempos, bajar el ritmo” y terminó “demasiado cerca de su propio arco”, obligado a resistir.


Lo que el pizarrón no muestra es el ánimo de quien recibe el mensaje.

Racing llegaba con dos victorias, dos empates y seis derrotas en el Clausura, 14° en su zona y con el futuro de su técnico en discusión. En un grupo así, “cuidemos lo que tenemos” puede escucharse como “esto se nos puede escapar”. Si algo de eso pasó, la orientación a proteger el resultado pudo encontrarse con un contexto especialmente difícil: un equipo que ya dudaba de sí mismo, ahora jugando para no perder


Insisto con la prudencia, porque esta es la parte más tentadora de sobreinterpretar. No sé qué pasó en la cabeza de cada jugador, y desde afuera solo se ven conductas y resultados. Aun así, lo que se vio encaja bastante bien con lo que plantea la teoría. El repliegue invita al rival, cada centro despejado suma sensación de asedio y, cuando entra el primer gol en contra, el plan que prometía seguridad puede convertirse en la confirmación del miedo.


El diario del lunes

Con el diario del lunes todos somos estrategas. Sería cómodo concluir que Arruabarrena acertó y Vojvoda se equivocó, y es justamente la conclusión que el resultado nos sirve en bandeja. El problema es que el resultado es un mal juez de las decisiones, en psicología conocemos bien esa trampa: el sesgo de resultado. El propio Arruabarrena admitió que “estaba el riesgo de dividir al equipo con ese 4-2-4 y perder el mediocampo”. Si Racing metía el tercero de contra, el mismo cambio que hoy se celebra como valentía se habría crucificado como desorden, y quizás así lo habrían vivido también sus jugadores.


Acá vuelve la circularidad del principio. El planteo influye en cómo el equipo interpreta el partido, pero lo que ocurre en el partido también modifica la interpretación del planteo.


plan → interpretación → conducta → acontecimiento → nueva interpretación → nueva conducta.


Citando de nuevo a Arruabarrena “después del primer gol, tuvimos la paciencia y la tranquilidad para dar vuelta el resultado”. El cabezazo de Valencia a los 72 puede haber sido leído como algo más que un descuento: una señal de que el plan estaba funcionando. Y esa señal pudo alimentar la confianza que el propio plan necesitaba para seguir andando. En Racing, el mismo gol pudo tener el efecto inverso, y cada llegada posterior de Boca pudo volver más pesada la consigna de resistir.


El El planteo pasa por la interpretación del grupo, y el partido la reescribe
El El planteo pasa por la interpretación del grupo, y el partido la reescribe

Y la flecha también puede apuntar hacia atrás. Muchas veces un entrenador elige un planteo conservador porque ya ve a su equipo inseguro. En ese caso, el repliegue es a la vez consecuencia y causa: el huevo y la gallina. Cargarle todo a la táctica deja afuera la historia reciente del grupo, el clima del vestuario y sus liderazgos internos. Boca llegaba con catorce partidos invicto. Racing, con una racha que le había gastado la confianza. Hagamos el ejercicio de invertir los papeles: ¿el mismo 4-2-4 en este Racing no se habría vivido como desesperación? ¿Y el mismo repliegue en este Boca no se habría sentido como tranquilidad?

Un sistema táctico no contiene, por sí mismo, un significado psicológico. Ese significado se construye en relación con el momento, la historia y la confianza del equipo que lo interpreta


Un poco de práctica para tanta teoría: preguntas para llevarse al entrenamiento


Si dirigís un equipo, este partido deja una invitación: pensar el planteo también como un acto de comunicación. Algunas preguntas para hacerte antes del partido, y no solo cuando el resultado ya te dio la respuesta:


  • ¿Qué significado podría estar construyendo este equipo a partir de lo que estoy proponiendo?

  • ¿Qué creo que este plan le dice a mi equipo sobre lo que es capaz de hacer?

  • ¿Cómo está hoy la confianza del grupo, y cómo podría leer este mensaje desde ese estado?

  • ¿Mis jugadores entienden por qué jugamos así, o solo saben qué tienen que hacer?

  • ¿Formulé la consigna en términos de lo que vamos a buscar o de lo que tenemos que evitar?

  • Si el partido cambia, ¿el plan les deja margen para reajustar, o los deja atados a un guion que ya no sirve?



El domingo en Rosario, dos equipos recibieron dos propuestas distintas. Qué escuchó cada uno en ellas es algo que solo ellos saben. Y por eso mismo conviene que el entrenador se lo pregunte antes de que el partido conteste por él.

Valencia, que venía con pocos minutos en el club y entró desde el banco, lo resumió después en tres palabras: “Esto es inolvidable”.


Y hubo otro mensaje que tampoco necesitó demasiadas explicaciones. Boca perdía y su gente siguió cantando. Mientras adentro de la cancha el equipo buscaba cómo cambiar el partido, desde afuera llegaba una señal bastante clara: todavía estamos acá.


Quizás esa sea también, a mi parecer, una de las cosas fascinantes de Boca: un equipo que nunca juega únicamente con once. El entrenador comunica con sus decisiones, los jugadores responden con lo que hacen y la tribuna también participa de esa conversación.


Felicitaciones a Boca. Y a su gente, que también jugó su partido.

 
 
 

3 comentarios


Excelente !

Me gusta

Muy bueno 🙌🏻

Me gusta

excelete como nos tenes acomtumbrados

😀

Me gusta
CABECERA MAYO 2021  - BLOG.001.jpeg
bottom of page