top of page

¿Garra: causa o consecuencia?

Dos partidos, el mismo equipo, una pregunta que no me podía sacar de la cabeza.



Los jugadores de Paraguay formaron un círculo en el campo, Gómez hablaba, no podamos escucharlo  pero nos decía todo con la manera que el hacía, los demás lo escuchaban. No sé qué dijo, pero lo que se vió desde afuera tiene un nombre técnico que no es el que suele usarse para describir esos momentos: activación. Ojito, no motivación, ese es un término paraguas que en el lenguaje deportivo significa casi cualquier cosa y por eso no dice nada preciso. En cambio, la activación es la puesta en marcha de un estado psicofisiológico específico, con dirección y con intensidad, antes de que el partido comenzara y eso veníamos, en sus piernas qu uno dejaban de moverse, en sus caras, en el capitán.


Todo lo que sigue es una lectura construida desde lo observable: el partido, las dos conferencias de prensa, los datos del encuentro. No tuve acceso al trabajo interno ni de los jugadores ni del cuerpo técnico, no sé qué se habló en la concentración ni qué técnicas se usaron puertas adentro. Si sé que hay un psicólogo especializado en deporte trabajando con la selección haciendo un gran trabajo.


La pregunta que no me puedo sacar de la cabeza

Después de perder 4-1 con Estados Unidos, Alfaro dijo algo que en su momento pasó casi desapercibido: que con la garra y con correr no alcanzaba, que había niveles donde eso solo no era suficiente.


Los números de ese partido cuentan algo más matizado de lo que el resultado sugiería. Hubo conductas de persistencia: 33 despejes, 5 bloqueos, 55 duelos ganados, 9 remates intentando llegar. No fue un equipo que bajó los brazos. Pero el nivel de superioridad táctica de Estados Unidos fue tan completo y tan temprano que esas conductas se gastaron enteras en defender, sin poder traducirse en ningún momento en algo peligroso. Y después del partido, nadie habló de garra.


¿Qué dice eso sobre la palabra, y qué dice sobre nosotros cuando la usamos?

Con Turquía fue distinto. Un arquero que siguió atajando después de lesionarse en un saque y al que el árbitro le dijo que dejara de hacer show. Un jugador que cayó solo, sin contacto, y salió rengueando de verdad. Galarza con un calambre, y después otro. Alguien en camilla. Doce remates bloqueados con el cuerpo. Cuarenta y cinco minutos de inferioridad numérica sostenidos con una intensidad que no bajó. Turquía terminó con 33 remates, 79% de posesión y cero goles. Ninguna selección en toda la historia de los mundiales había perdido un partido con más del 70% de posesión y más de 30 remates. Turquía lo hizo dos veces consecutivas.


Eso es garra. Y estaría ahí aunque el resultado hubiera sido otro.

Entonces la pregunta no es si hubo garra o no. La pregunta es qué hizo que esas conductas aparecieran de una forma en este partido y de otra en el anterior.


Lo que se ve y lo que no se ve

La garra no se ve. Lo que se ve son conductas: un cuerpo interponiéndose a un remate, un arquero atajando con dolor, alguien levántandose del piso por décima vez. Esas conductas son los indicadores observables de algo que ocurre adentro y a lo que no hay acceso directo desde afuera.


El problema de usar “garra” como si fuera la causa de esas conductas es que estamos nombrando el constructo con la misma palabra que usaríamos para describir las conductas que lo evidencian. Es decir: cuando decimos “tuvo garra porque bloqueó ese remate”, estamos usando la garra para explicar el bloqueo, pero al mismo tiempo el bloqueo es la única prueba de que hubo garra. La explicación y la evidencia son la misma cosa.


Bernard Weiner lo trabajó hace décadas con su teoría de la atribución: las personas le asignamos causas distintas a la misma conducta según el resultado que esa conducta produjo. No es que la garra solo existe cuando se gana, pero sí que cuando se gana aparece casi automáticamente como explicación, y cuando se pierde hay que probarla, defenderla, argumentarla contra la lectura dominante que busca la causa del resultado en otro lado. Esa asimetría dice algo sobre cómo usamos la palabra, más que sobre lo que la palabra nombra.


Lo que hace todo esto visible en estos dos partidos es que tenemos el mismo equipo, con resultados opuestos, y en uno las conductas de persistencia fueron legibles como garra y en el otro quedaron invisibles bajo el peso del resultado. Si la garra fuera un rasgo estable que se tiene o no se tiene, tendría que leerse igual en los dos. No fue así. Algo la bloqueó en el primero y algo la habilitó en el segundo. No se ustedes, pero para mi como psicóloga ese algo es lo que vale la pena mirar.


Entonces, ¿qué cambió entre un partido y otro?

Creo que algo sí cambió, y que no fue solo el resultado.

Contra Estados Unidos el equipo llegó con un sistema que no funcionó desde el arranque. Eso generó incertidumbre táctica en tiempo real: decisiones tomadas bajo presión sin un plan claro que ejecutar. La activación que generó Gómez en el círculo central aquella noche encontró un cauce obstruido. El cuerpo encendido, la cabeza sin saber exactamente qué hacer con esa energía en cada jugada. Las conductas de persistencia existieron, pero sin estructura que las contuviera, se gastaron en resistir sin poder transformarse en nada ofensivo real.


Contra Turquía, después del gol al minuto uno, la tarea se volvió unívoca: defender la ventaja. Cuando la tarea es simple y compartida, los procesos internos encuentran un cauce claro donde traducirse en conducta.


La garra no cambió entre un partido y otro. Quizá.. cambió la estructura que la contenía.

Pero hay algo más que se puede leer en las palabras de Alfaro después del partido. Dijo algo que no había dicho después del debut: “cuando a Paraguay lo dan por muerto, cuando todo el mundo ya lo da, es cuando más temor hay que tenerle, porque es la demostración de que en las adversidades más complejas es cuando los jugadores dan la talla.” Esa frase no es táctica. Es identitaria. Y la semana entre los dos partidos, con toda la crítica pública y la presión mediática, funcionó paradójicamente como combustible para esa identidad específica: un equipo que crece cuando lo amenazan.


Hay un mecanismo psicológico que describe esto. La reactancia: ese estado que se activa cuando la posibilidad de perder algo importante (la clasificación, la dignidad, el derecho a estar en este Mundial después de dieciséis años) se vuelve concreta y cercana. La amenaza real, visible, nombrada en voz alta por la prensa y hasta por el propio entrenador, no debilitó al grupo. Lo organizó alrededor de una causa común más fuerte que cualquier sistema táctico.


El minuto que no encaja

Quiero ser justa con esta idea y no dejarme llevar por las ganas de que cierre bien, porque hay un momento del partido que se resiste a entrar en cualquier esquema ordenado: la expulsión de Almirón.


Pasó en el momento de mayor ventaja relativa del encuentro, con la tarea clara, con el grupo sosteniendo algo que estadísticamente no tendría que haber podido sostener. Y sin embargo, en medio de un tumulto por una falta ajena, hubo un gesto impulsivo que dejó al equipo con uno menos para todo lo que quedaba. La regulación emocional no es un estado que un equipo logra de una vez y mantiene fijo el resto del partido. Se sostiene, o se rompe, minuto a minuto, a veces en el mismo cuerpo que un rato antes y un rato después estaba sosteniendo algo enorme. Las dos cosas son parte del mismo fenómeno. Ninguna cancela a la otra.


Poné garra

Escucho esa frase con frecuencia. A veces como deseo: “quiero que mi hijo tenga garra”. A veces como déficit: “no tiene garra”. Y cada vez que la escucho pienso en lo que le estamos pidiendo exactamente a ese chico.


Cuando alguien dice “no tiene garra” está haciendo una atribución interna y estable, casi un rasgo de personalidad. No dice “hoy no aparecieron esas conductas en ese partido”, dice “no tiene”, como si fuera algo fijo que se tiene o no se tiene, independientemente del contexto que lo rodea. Pero lo que mostraron estos dos partidos es que lo que llamamos garra no es un rasgo estable.


Es el resultado de una interacción entre procesos internos (persistencia, compromiso afectivo, regulación emocional, control volitivo) y la estructura que los contiene o los bloquea. Si esa estructura bloquea, las conductas no aparecen aunque los procesos existan adentro.

Decirle a un chico que “ponga garra” sin darle ninguna información sobre qué conducta concreta se le está pidiendo es una instrucción vacía. No sabe si la está cumpliendo. No sabe en qué falló si no aparece. Y si alguien le dice que “no tiene garra” cuando en realidad está en un contexto que bloquea sus recursos, eso no lo orienta. Lo define.

La pregunta útil no es si tiene garra. Es qué la habilita.


Para el jueves


Si toda esa noche cabe en una sola palabra, garra, esa palabra está mintiendo un poco. No porque no haya pasado nada real, sino porque esconde adentro suyo procesos distintos que conviene separar: el esfuerzo físico medible que existe independientemente del resultado, la persistencia bajo adversidad que se activa cuando la tarea es clara, el componente identitario que en este grupo específico parece encenderse exactamente cuando la amenaza es más alta, y la regulación emocional que se sostiene o se rompe minuto a minuto sin avisar.


La pregunta para el jueves, contra Australia, no es si Paraguay va a tener garra. Esa pregunta ya la respondió esta semana de la peor manera posible y de la mejor manera posible al mismo tiempo. La pregunta es si va a volver a tener la estructura que le dé a esas conductas un cauce claro donde aparecer, y si la identidad de equipo-que-crece-bajo-amenaza va a encontrar el mismo combustible cuando el partido llegue al momento en que siempre llega: ese tramo donde el cuerpo se cae  y lo único que queda es decidir si se levanta.


Y así terminó la madrugada, con las emociones propias de un partido que tuvo de todo y nos dió de todo. Es eso, nuevamente, lo que me permite sentarme a escribir estas palabras. Quízás lo que quedó en la cancha esa noche no cabe en una sola palabra. Y quizás ese sea el punto.


¿Qué palabra podría englobar esa sensación que en un momento te dice “Paraguay sigue vivo”?


 
 
 

1 comentario


Vero
Vero
25 jun

👍

Me gusta
CABECERA MAYO 2021  - BLOG.001.jpeg
bottom of page